Sonia Barba

Cuando era pequeña vivía en las afueras de una ciudad que estaba practicamente fuera de todos los mapas. Que rollo, que mal, que aburrido. Lo bueno era que cada año, tenía la fortuna de ser la primera en enterarme que el circo había llegado a la ciudad, conocía a la vaca que me proporcionaba el desayuno y ganaba campeonatos cazando renacuajos. Lo bueno fue el hambre de devorar lo que se cocía fuera, en las partes calientes de los mapas, las que estaban cargadas de luces y edificios altos.

Lo bueno fue, la fe en que todo podría ocurrir cuando llegara a esos puntos brillantes que sin ninguna duda me estaba esperando. Lo bueno fue, la necesidad de búsqueda que se instaló para siempre dentro de mí, como una abuela que teje sentada frente a la lumbre, conoce todas las historias del mundo y tiene tiempo más que suficiente para contarlas.

Después vino todo lo demás. Conozco bien estos caminos. Me siento como en casa. Estoy en el Extrarradio.

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